Abel Jaramillo

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Abel Jaramillo (Badajoz, 1993) Graduado en Bellas Artes por la Universidad de Castilla la Mancha y la Universidade de Lisboa (Portugal) y Máster en Arte Contemporáneo, Tecnológico y Performativo por la Universidad del País Vasco. Desarrolla su trabajo a través de la búsqueda de estrategias que alteren o subviertan la lógica ha-bitual de entender diferentes contextos. Se interesa por las grietas de la historia, los relatos en los márgenes, cómo se producen y construyen los discursos y las tensiones políticas que se proyec-tan en lo cotidiano. Su práctica se centra en las fricciones y disensos que se producen al poner en diálogo sucesos, acciones e imágenes que revelan relaciones históricas, conflictos presentes y especulaciones fu-turas. Mediante procesos híbridos que incluyen vídeo, instalación, performance, escultura, texto y fotografía, investiga sobre la construcción de la historia desde abajo, la producción de discursos o la relación entre relatos, territorios, márgenes y periferias. 

The need to have walls 

Vídeo full HD 17:05 2019 

The need to have walls toma como punto de partida la película The State of Things (1982) de Wim Wenders, en la que un director de cine y su equipo de trasladan a Portugal a rodar una película de ciencia ficción llamada "The Survivors". El film de Wenders aborda las dificultades del director para realizar esa película que nunca llega a finalizarse. Un hotel y una piscina junto al mar es el emplazamiento principal del film y el lugar al que se dirige esta narración: una vía de supervivencia, la experiencia cercana al borde, la aproximación al final de algo. A partir de una estancia en Lisboa, el proyecto se configura sobre la relación entre un relato ficcionado, los emplazamientos donde se rodó el film y una construcción repleta de símbolos, grutas y lagos que apuntan hacia la idea del fin del mundo. Una estructura que sostiene el agua, una pared que oculta un texto, una voz que narra una ausencia y un protocolo de supervivencia. La pieza indaga en las incertidumbres, dudas y errores durante los procesos de trabajo, generando una narración de ficción sobre la experiencia, las expectativas y la construcción de imágenes y relatos. Todo esto de aquí es ficción, las historias solo existen en las historias. Y el protagonista es el fuego. 

The need to have walls 

Abel Jaramillo 

Fue a Lisboa a intentar contar esta historia. O a contar otra. A intentar visitar lugares que había visto en una película. A retomar una narración que no sabía muy bien quién había dejado a medias. Había iniciado hace algún tiempo varios posibles guiones. Pequeños fragmentos que podrían apuntar hacia una película o algo así. Todos sin terminar. Unos meses atrás había comprado una vieja cámara en un mercado en las calles de Palermo. Era una vieja cámara de los 90 de la que no estaba muy seguro si funcionaría. Pero la idea de encontrar una cámara en el momento en que pensaba en una película, era demasiado sugerente. Tampoco tenía una función clara para aquel objeto: no sabía si era la herramienta que necesitaba para contar esa historia, si le serviría para encontrar aquellas imágenes que buscaba o si era la excusa, el inicio. La cámara finalmente no funcionaba. Igual era una señal. Si quería grabar con aquella vieja cámara de segunda o tercera mano, era un indicio de que aquello que pretendía no sería una película. Si por el contrario, era el elemento que le permitía empezar una historia, había empezado por el fracaso. Pensaba grabar alguno de sus bocetos en una playa próxima a Lisboa. Realmente quería ir a la playa a enfrentarse al abismo. A la misma playa que en aquella película. Y se dispuso, cámara en mano, a buscar aquella piscina cercana al mar, a mostrar la ausencia. Los personajes que había visto en aquella película ya no estarían allí. Ya no habría supervivientes. Pero estaría el edificio, y el camino y la playa. 

Había ido desde Lisboa hasta Sintra en tren para allí tomar un autobús hasta Praia Grande. Pero en otoño la frecuencia de los autobuses a la playa es menor, así que esperó durante horas sin suerte hasta decidir que iría otro día. Decidió entonces pasear por el lugar para emplear su tiempo: el tiempo que era de trabajo y que ahora era de ocio. Quizá por esa manía de pensar que el tiempo es algo. Que el viaje tiene que tener un motivo. 

II 

Un encuentro fortuito le llevó a aquel lugar. A un escenario que anunciaba un final, un posible final. Y decidió retomar allí algunos apuntes para una posible historia, una serie de imágenes que le sugería algo que había visto en otro lugar. Iba buscando un final y se encontró inicio. 

Había leído recientemente en algún sitio: "El incendio. A lo que más le temo es al fuego, me dice una mujer. Noches enteras sin dormir me paso pensando en eso" Y esa frase, de hecho, no le permitía dormir pensando en el fuego. En ese incendio que marca un título, que presagia un miedo. Una imagen que se precipita y que lo inunda todo. Una imagen que arde. Ese fuego es el miedo de otro, la experiencia de otro. Algo que había leído, que narraba las palabras de una mujer y su mayor miedo. Y de un narrador que no podía dormir pensando en el fuego. El fuego hablaba de una imagen, de una historia dentro de otra historia, que no tenía más trama, que no tenía más estructura, que un miedo ajeno: un insomnio que marca una supervivencia. Estar alerta ante aquello que se aproxima, pensar el incendio, fabular en cómo sobrevivir a una amenaza: que para una es un incendio, que para otro es un relato. El protagonista es el fuego. Porque forma el incendio, porque crea el miedo, porque es el relato. También está la mujer que le tiene miedo, la persona que no puede dormir pensándolo. Y tú, que conoces la historia. Todos son personajes que viven en una frase. Toda la historia está en suspensión, todas las imágenes de esta narración están ardiendo. Y esto le hace pensar en el final, en el borde, en el margen. 

En un final que es una idea y es un lugar: un extremo. Abismo de Europa. El final de algo que se está construyendo. El fin de un mundo, la experiencia cercana a la caída. Como aquel lugar que se presentaba como una escenografía, donde era turista y mirada, director, público y personaje. Esa sensación de un momento en pausa, de reencuentro con un lugar que le hace pensar que siempre ha estado allí, que es un espacio congelado para la ocasión. 

Pero todo esto de aquí es ficción. 

Las historias solo existen en las historias, mientras que la vida continua sin la necesidad de convertirse en una historia. 

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Abel Jaramillo